Se habían cruzado varios correos electrónicos en los que Antonia informaba a David, a este David al que luego llamarían Deivid, de las fechas de publicación. Había surgido una bonita conexión, y ahora surgían estos párrafos.
Antonia era una enfermera jubilada. Llevaba muchos años profundamente volcada en el proyecto. En cierta manera, era un espejo de una parte de David. Veía en ella la misma pasión por RELAT-HOS que él sentía por Itinerarios Up Stones.
Fue en esos preparativos, para la presentación del libro en septiembre, cuando Antonia invitó a David a una mesa redonda. Allí se hablaría del cuidado de las enfermeras, de cómo desconectar del hospital y de poder cuidarse uno mismo al margen de la vocación. David asistiría en calidad de paciente relator. Para él era todo un reto: tenía pánico a hablar en público ante tanta gente. Pero en lo más profundo, lo hacía por Mariona. Ella era su inspiración para escribir muchos de sus relatos.
Y allí estaba Deivid, sentado entre dos grandes personas: a su izquierda, David; a su derecha, Merche. ¿Que quién era Deivid? Deivid era el David que escribe estas palabras. Al haber dos Davids en la mesa, Antonia rebautizó a este David relator como Deivid.
Resultó que Antonia no solo había invitado a David a una mesa que quizá no le pertenecía , pues él no era paciente, solo estaba allí por si sobrina, sino que además le había pedido que se metiera un lápiz en la boca días antes de la charla, para practicar el habla pausada, ya que Deivid hablaba muy rápido cuando se ponía nervioso.
Para colmo, el rebautizado “Deivid” llegó a la mesa y Antonia lo sentó justo en medio.
Así era Antonia: te atravesaba por completo y no te dabas ni cuenta.
Merche, a su derecha, era una chica inmunodependiente que había vivido experiencias que eran un espejo de las de Mariona.
En varias ocasiones resonó la palabra "IMPARABLES" en la mesa, justo el sábado anterior el Deivid de este relato había conversado, en el entorno de las Free Conversations, con un grupo de chicas sobrevivientes de cáncer que se hacían llamar "las imparables".
El universo es así: nos ofrece infinitos momentos para que nosotros les demos un sentido único e irrepetible.
¿Lo que pasó después entre David, Merche y el Deivid de las coincidencias? Eso es justo lo que acaba de empezar. Este relato es solo la antesala de lo que está por venir.
Mil gracias Antonia, por cruzarte conmigo y todo lo que contigo he aprendido.



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